Hoy expondré la
convulsa situación política en la que se encuentra Bangladesh, que a pesar de
su“apariencia democrática”, sigue los pasos de una dictadura totalitaria,
donde el gobierno encarcela y asesina a líderes políticos de la oposición en el
caso de que sean un obstáculo para su mandato. La libertad de expresión es
limitada, mientras que la libertad de manifestación está restringida y
castigada por las acciones policiales, y que en la mayoría de casos acaban con alborotos,
muertos y heridos.
El pasado 5 de enero
tuvieron lugar las elecciones generales en Bangladesh. El diario LA VANGUARDIA
publicó un artículo al día siguiente donde refleja muy bien la situación del
país. Os dejo los fragmentos más interesantes del artículo:
Muertos y escuelas arrasadas en la farsa electoral de
Bangladesh
El boicot de la oposición a las elecciones generales hizo
que más de la mitad de los escaños ya estuvieran adjudicados antes de empezar,
al contar apenas con un candidato, casi siempre de la gobernante Liga Awami
(AL). Pese a todo, la dirigente de dicho partido, jequesa Hasina Wajed,
proclamará hoy que los electores le han otorgado un nuevo mandato como primera
ministra.
Hasina se ha agarrado al imperativo constitucional de
celebrar elecciones en un plazo máximo de cinco años para seguir adelante con
unos comicios cuya legitimidad ha sido cuestionada dentro y fuera del país. Hasta
el último momento, interlocutores de la ONU intentaron en vano tender puentes
entre dos rivales irreconciliables desde hace un cuarto de siglo: la propia
jequesa Hasina y Khaleda Zia, dirigente del Partido Nacional de Bangladesh
(BNP).
En la política bengalí cualquier excusa es buena para
paralizar el país, que se asoman de todos modos al colapso diario sin ayuda
ajena. En este caso de BNP ha recurrido a la acusación anticipada de fraude
electoral, después de que el gobierno de Hasina suprimiera- gracias a su
mayoría parlamentaria- la figura del gobierno interno, que durante dos décadas
había supervisado la campaña, la votación y el recuento para evitar pucherazos.
Zia sabe bien de qué habla puesto que este mismo guión se escenificó, con los
papeles invertidos, al final de su primera legislatura.En las elecciones que siguieron, Hasina la acusó de fraude y
paralizó el país hasta conseguir unos nuevos comicios bajo supervisión
imparcial, que ganó. Zia, que ayer declaraba estar bajo arresto domiciliario,
quiere devolverle la jugada.
Sin embargo, su prurito democrático queda desacreditado por
la quema, anteanoche, por parte de sus piquetes, de doscientas escuelas que
debían servir de colegios electorales. A ello hay que sumar las palizas y actos
de intimidación por parte de sus aliados islamistas de Jamaat-e- Islami
(ausentes en las elecciones por orden judicial), históricamente propakistaníes
y acosados por el tribunal que juzga los crímenes de guerra de independencia.
La mayoría de las víctimas mortales de ayer- que se suman a las 150 de la
campaña- cayeron bajo las balas de la policía cuando las balas de la policía
cuando intentaban secuestrar urnas.